Salvatore Mosaico · 2026
Índice
- 1. La primera provocación: ¿ya no hace falta saber?
- 2. Primer ejemplo: una respuesta válida puede estar incompleta
- 3. Segundo ejemplo: una respuesta puede originar una pregunta nueva
- 4. Tercer ejemplo: funciona, pero ¿está bien diseñado?
- 5. La objeción más difícil: ¿estamos perdiendo el tiempo?
- 6. Volvamos al dicho inicial
El docente proyecta una frase para debatir en clase:
«La inteligencia no es la capacidad de almacenar información, sino saber dónde encontrarla».
En clase hay una IA disponible. Sus respuestas se proyectan y todos pueden debatirlas. Todas las intervenciones siguientes, incluidas las de la IA, forman parte de una simulación didáctica.
1. La primera provocación: ¿ya no hace falta saber?
Docente: Esta frase distingue la inteligencia de recordar mucha información. ¿Cómo la cambiaríais ahora que existe la inteligencia artificial?
Anna: Yo diría: «La inteligencia es saber qué preguntarle a la IA».
Luca: Entonces, ¿alguien que no sabe nada se vuelve inteligente con tal de saber hacer preguntas?
Anna: No he dicho eso. Pero si puedo obtener una explicación cuando la necesito, ¿por qué debo aprenderlo todo antes?
Marta: Creo que estáis confundiendo recordar una respuesta con comprenderla.
Davide: Una pregunta concreta: si necesito resolver un problema y la IA lo resuelve, el problema está resuelto. ¿Qué diferencia supone lo que yo haya comprendido?
Docente: Depende del objetivo. ¿Queremos solamente ese resultado o también desarrollar la capacidad de afrontar otros problemas?
Davide: En la vida, muchas veces solo me interesa el resultado.
Docente: Es una objeción razonable. No tenemos que ser expertos en todo aquello para lo que usamos herramientas. Pero debemos entender cuándo podemos confiar en el resultado y cuándo debemos comprobarlo. Veamos un ejemplo.
2. Primer ejemplo: una respuesta válida puede estar incompleta
El docente escribe:
x(x − 1) = 2(x − 1)
Docente: Pidamos a la IA que resuelva la ecuación.
IA: Dividiendo ambos miembros entre x − 1, se obtiene x = 2.
Anna: Ya tenemos la respuesta.
Luca: Pero siempre nos dices que debemos comprobarla.
Docente: Comprobémosla.
Marta: Sustituyendo x = 2, ambos miembros dan 2(2 − 1) = 2. Funciona.
Davide: Hemos usado la IA, comprobado la respuesta y terminado.
Luca: Esperad. En la ecuación original también funciona x = 1: ambos miembros valen cero.
Anna: Entonces, ¿la respuesta de la IA es incorrecta?
Marta: Dos sí es una solución. El problema es que falta uno.
Docente: Exactamente. Hemos comprobado que la solución propuesta es válida, pero no que se hayan encontrado todas las soluciones.
Davide: ¿No basta con comprobar el resultado?
Docente: En este caso, no. También hay que revisar el procedimiento. ¿Qué pasó al dividir entre x − 1?
Luca: Si x = 1, dividimos entre cero.
Docente: Ese paso solo está permitido cuando x ≠ 1. El caso x = 1 debe estudiarse por separado. También podemos evitar la división:
x(x − 1) − 2(x − 1) = 0
(x − 1)(x − 2) = 0
Un producto es cero cuando al menos uno de sus factores es cero. Por tanto, x = 1 o x = 2.
Anna: Para detectar el problema necesitaba conocer antes la dificultad de dividir entre cero.
Docente: Sí. Un conocimiento matemático nos permitió evaluar la respuesta.
Anna: ¿Y si no lo conocía?
Docente: Podías aprenderlo precisamente mediante esta discusión. No hay que saberlo todo antes de utilizar la IA. Pero obtener una respuesta tampoco vuelve innecesario aprender.
Marta: Yo no lo había visto. Me di cuenta cuando Luca probó con uno.
Docente: Eso es importante: comprobar no tiene por qué ser la lucha solitaria de un estudiante contra una máquina. Puede surgir del diálogo entre vosotros, conmigo y con la IA.
Davide: Tú también podrías olvidar una solución.
Docente: Por supuesto. La conclusión no debe ser «confiad en el docente en lugar de la IA», sino: pidamos razones que podamos examinar, independientemente de quién proponga la respuesta.
3. Segundo ejemplo: una respuesta puede originar una pregunta nueva
Docente: Hasta ahora hemos hablado de errores. Veamos una respuesta útil que nos lleve más allá de la pregunta inicial.
√(128 · 98)
Docente: Pidamos a la IA que calcule esta raíz mostrando el procedimiento.
IA: Podemos descomponer los números así:
128 = 8² · 2
98 = 7² · 2
√(128 · 98) = √(8² · 7² · 4)
= 8 · 7 · 2 = 112
Davide: Bien. Esta vez el resultado está completo.
Marta: Algo me intriga: ni 128 ni 98 son cuadrados perfectos, pero su producto sí lo es.
Luca: ¿Será porque ambos son pares?
Anna: Podemos preguntárselo a la IA.
Docente: Podemos. Pero antes pongamos a prueba la idea nosotros mismos. ¿Qué números escogeríais?
Davide: Ocho y diez. Ambos son pares y su producto es ochenta.
Marta: Ochenta no es un cuadrado perfecto: está entre sesenta y cuatro y ochenta y uno.
Luca: Entonces, ser pares no basta.
Docente: Hemos encontrado un contraejemplo. Volvamos a la descomposición: ¿qué tienen en común 128 y 98?
Anna: Ambos son un cuadrado multiplicado por dos.
Marta: Y los dos factores dos, multiplicados, dan cuatro, que es otro cuadrado.
Docente: ¿Podemos construir un ejemplo nuevo con esa observación?
Marta: Probemos:
18 = 3² · 2
50 = 5² · 2
√(18 · 50) = 3 · 5 · 2 = 30
Davide: En efecto, dieciocho por cincuenta son novecientos.
Luca: No solo hemos resuelto un cálculo: hemos encontrado cómo inventar otros.
Docente: Exacto. Pidamos ahora a la IA que exprese de forma general lo que habéis observado.
IA: Tomemos tres enteros positivos a, b y k. Construyamos ka² y kb². Su producto es:
(ka²)(kb²) = k²a²b² = (kab)²
√[(ka²)(kb²)] = kab
Esta es una forma de construir dos números cuyo producto sea un cuadrado perfecto.
Anna: Ahora corregiría lo que dije al principio.
Docente: ¿En qué sentido?
Anna: Dije que la inteligencia es saber qué preguntarle a la IA. Pero esta pregunta no la conocíamos de antemano. Nació al observar la respuesta.
Marta: Yo solo quería un cálculo. La descomposición me hizo notar algo que no estaba buscando.
Docente: Por tanto, la relación no es únicamente:
Hacer una buena pregunta → obtener una buena respuesta.
También puede ser:
Hacer una pregunta sencilla → encontrar una idea interesante → formular otra pregunta → intentar ponerla a prueba.
Davide: Y la pregunta puede venir de un compañero, no solo de la IA.
Docente: Como acaba de ocurrir.
4. Tercer ejemplo: funciona, pero ¿está bien diseñado?
Docente: Pasemos a la informática. Ya hemos construido
RandomNumero(N). Su contrato consiste en devolver un entero aleatorio entre 1 y N, ambos incluidos, con la misma probabilidad para cada entero, siendo N un entero positivo.
Ahora queremos RandomRange(a, b), que devuelva un entero aleatorio entre a y b, ambos incluidos. Suponemos que a y b son enteros y que a ≤ b.
Anna: Pidámoslo a la IA.
La IA propone una función independiente que parte del generador aleatorio básico. La clase la examina y comprueba que el procedimiento es correcto.
Davide: Esta vez también hemos comprobado los extremos. Funciona.
Docente: Sí. Pero ¿hemos aprovechado lo que ya habíamos construido?
Marta: No. Ya teníamos
RandomNumero(N).
Luca: ¿Es obligatorio usarla? Si la función nueva funciona, ¿por qué estaría mal?
Docente: No está mal automáticamente. Debemos decidir si, para nuestro proyecto, es preferible reutilizar una función que ya expresa parte del trabajo en lugar de duplicar su lógica.
Davide: La cuestión no es el resultado, sino la organización de la solución.
Docente: Exacto. Construyamos
RandomRangeusando soloRandomNumero. Empecemos con un entero entre 10 y 20.
Anna: Uso
RandomNumero(10)y sumo diez.
Marta: Espera. El valor más pequeño sería once, no diez.
Luca: Entre diez y veinte hay once enteros, porque contamos ambos extremos.
Docente: ¿Entonces?
Marta: Usamos
RandomNumero(11)y sumamos nueve. Uno se convierte en diez y once en veinte.
Davide: Todos los valores intermedios se desplazan de la misma forma.
Docente: Generalicemos. ¿Cuántos enteros hay entre a y b, ambos incluidos?
Luca: b − a + 1.
Docente: ¿Qué sumamos para transformar 1 en a?
Anna: a − 1.
Marta: Por tanto:
RandomRange(a, b) =
RandomNumero(b − a + 1) + a − 1
Docente: Comprobemos los extremos:
1 + a − 1 = a
(b − a + 1) + a − 1 = b
Davide: La función nueva se apoya en la anterior.
Luca: Sigo pensando que una versión independiente podría servir en un programa tan pequeño.
Docente: Haces bien en no convertir la reutilización en una obligación absoluta. Debemos justificar la decisión. En este ejercicio, aprender a construir una solución a partir de una función existente era parte del objetivo, no un detalle.
Anna: Entonces, incluso una respuesta técnicamente correcta de la IA puede no captar lo que queremos aprender.
Docente: Sí. Hay que explicitar ese objetivo en lugar de esperar que lo adivine.
Marta: Podríamos pedirle: «No empieces de cero. Usa
RandomNumero(N)y explica cómo transformar su intervalo».
Docente: Es una petición mejor. Pero la habéis formulado después de discutir una primera solución, no antes.
5. La objeción más difícil: ¿estamos perdiendo el tiempo?
Davide: Voy a hacer de abogado del diablo. Hemos hablado diez minutos para obtener una fórmula que la IA podía dar en diez segundos.
Docente: Es verdad. ¿Qué hemos obtenido en esos diez minutos, además de poseer la fórmula?
Marta: Hemos entendido por qué aparece el más uno.
Luca: Hemos descubierto que una función correcta puede no ser nuestra opción preferida para un proyecto concreto.
Anna: Y hemos aprendido a construir una función a partir de otra.
Davide: También podría pedir todas esas explicaciones a la IA.
Docente: Por supuesto. Sería un buen uso de la herramienta. La cuestión es qué haces con ellas: ¿las lees por encima, las repites o sabes utilizarlas?
Davide: ¿Cómo distinguimos una cosa de otra?
Docente: Cambiemos ligeramente el problema. Queremos un entero aleatorio entre −3 y 2. ¿Cómo usarías la función anterior?
Davide: Hay seis valores posibles. Uso
RandomNumero(6)y resto cuatro. Uno se convierte en menos tres y seis en dos.
Docente: El cálculo es correcto. Pero ya hemos construido la función de nivel superior. Para utilizarla, escribimos simplemente:
RandomRange(-3, 2)
Marta: Entonces, ¿los números negativos no requieren una función nueva?
Docente: Exactamente. Tu razonamiento explica su funcionamiento interno. Contemos los valores incluyendo ambos extremos:
b − a + 1 = 2 − (−3) + 1 = 6
−3, −2, −1, 0, 1, 2
Anna: Son seis. Para transformar el primer valor, 1, en −3 debemos restar cuatro: a − 1 = −3 − 1 = −4.
Docente: Sustituyamos a = −3 y b = 2 en la fórmula general. Las líneas siguientes muestran una equivalencia de cálculo, no la declaración de una función nueva:
RandomRange(-3, 2)
≡ RandomNumero(2 - (-3) + 1) + (-3) - 1
≡ RandomNumero(6) - 4
Davide: RandomNumero(6) produce uno de los enteros de 1 a 6. Al restar cuatro, cada uno se desplaza a su posición correspondiente:
1, 2, 3, 4, 5, 6
↓ −4
−3, −2, −1, 0, 1, 2
Docente: Cada valor inicial corresponde a un único valor final. Si los seis valores iniciales tienen la misma probabilidad, los finales la conservan. Los números negativos no cambian el algoritmo.
Marta: Para comprender el mecanismo puedo razonar sobre
RandomNumero(6) - 4; para usar el servicio existente llamo aRandomRange(-3, 2).
Docente: Exacto. Aquí están las dos funciones reutilizables y la llamada en JavaScript, para intervalos de enteros pequeños como los del ejemplo:
function RandomNumero(N) {
return Math.floor(Math.random() * N) + 1;
}
function RandomRange(a, b) {
return RandomNumero(b - a + 1) + a - 1;
}
const numero = RandomRange(-3, 2);
console.log(numero);
La fórmula b − a + 1 cuenta los valores, mientras que a − 1 sitúa el intervalo en la posición correcta. Comprender el mecanismo no significa tener que reescribirlo cada vez.
Docente: Has aplicado el razonamiento a un caso diferente, no solo reconocido una fórmula escrita.
Anna: Entonces, el criterio no es cuánto tiempo he trabajado sin IA.
Docente: No. Tampoco cuántas preguntas has hecho. Aquí importa la capacidad que has desarrollado mediante su uso.
Luca: Alguien podría limitarse a copiar.
Marta: También podría copiar de un libro o de un compañero.
Docente: Debemos abordar el riesgo de sustituir el trabajo por una respuesta preparada. Pero elegir una herramienta no basta: hay que diseñar la actividad. Hoy os he pedido encontrar una omisión, proponer un contraejemplo y adaptar una solución, no solo dar un resultado.
6. Volvamos al dicho inicial
El docente vuelve a proyectar la frase.
«La inteligencia no es la capacidad de almacenar información, sino saber dónde encontrarla».
Docente: Después de este debate, ¿qué cambiaríais?
Anna: Añadiría: «y saber qué hacer con ella».
Luca: Yo: «y saber cuándo no confiar».
Marta: No diría solo desconfiar. Con la raíz, la respuesta de la IA nos ayudó a ver algo nuevo.
Davide: Entonces: «saber usar las respuestas para ir más allá».
Docente: ¿Y los conocimientos que tenemos en nuestra cabeza?
Luca: Son necesarios. Sin conocer la división entre cero, no habríamos comprendido el primer error.
Anna: Pero también podemos construirlos durante el diálogo. No tenemos que saberlo todo previamente.
Marta: Saber y preguntar no son opciones opuestas. Podemos preguntar para comprender mejor.
Davide: Y comprender mejor puede cambiar nuestra pregunta.
El docente escribe una propuesta surgida del debate:
«Con la IA, la inteligencia no consiste solo en saber dónde encontrar respuestas, sino en comprenderlas, ponerlas a prueba y utilizarlas para construir nuevos conocimientos y nuevas preguntas».
Luca: Me gusta, pero ¿cómo sabemos que comprendemos de verdad, y no que seguimos una explicación que parece convincente?
Docente: Un eslogan no resuelve esa dificultad. Empecemos por una prueba: escoged un ejemplo de hoy, cambiad una condición y explicad a los compañeros qué cambia y por qué.
Marta: ¿Podemos usar la IA?
Docente: Sí. Pero distinguid qué ha propuesto, qué habéis comprobado y qué sigue sin convenceros.